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Los primeros calendarios eran basados en los movimientos de la luna. Tras esto se probó que la inexactitud del hombre en cuanto a juzgar los movimientos trascendentales de la tierra ocurridos mientras esta se encontraba viajando alrededor de su estrella.
El sol se torno en la base para el registro del tiempo ya que el año lunar no poseía total concordancia con el ciclo de la tierra alrededor del sol. Más allá de esto siguen existiendo algunos calendarios utilizados en el día de la fecha basados en el ciclo lunar.
Estos se encuentran normalmente bien atrincherados en la tradición y seria completamente difícil de cambiar sin que se fuera afectada la cultura; en especial si estos se encuentran envueltos por una religión.
El calendario Judío actual se sigue fundamentando en los movimientos lunares con el que el año comenzó su creación, ya que en el 3760 a.C. El calendario Islámico también se encuentra basado y fundamentado en el satélite impactado de meteoritos de la tierra.
Los egipcios fueron los primeros en tomar como referencia al Sol. El suyo es el descendiente y sucesor lejano del calendario Gregoriano que utilizamos en la actualidad.
El mes se convirtió en una unidad arbitraria que se encargaba de analizarlas situaciones y de mantener todo en el orden correspondiente, además esta misma situación fue previamente relacionada los ciclos de la luna. Los egipcios utilizaban un año de 365 días. Se dice y mantiene vigente la posibilidad de que hayan adoptado en un principio este calendario aproximadamente en el año 4236 a.C. anteriormente la gente había aprendido que la tierra giraba y daba vueltas en un periodo de 365 días y aproximadamente un cuarto mas de día alrededor del sol.
Faraones y otros lideres con cargos relevantes como este realizaron varios intentos para alterar el curso y sus calendarios para así de este modo poder reflejarlos sin embargo cada uno de los intentos que realizaron fueron fallidos a causa de que el calculo de clero al que se le asigno la tarea de observar atentamente los movimientos del calendario.
Luego llegaron los romanos.
Al principio habían utilizado un sistema basado en la luna el cual era demasiados complicado.
Su exactitud era muy confiable al “colegio de pontífices” quienes abusaron de este privilegio para obtener un beneficio personal.
Por consiguiente Julios Caesar se convirtió en dictador virtual de Roma y el calendario estaba hecho un revuelo total. En el año 47 a.C., el llamo al reconocido astrónomo Griego Sosigenes para tratar de arreglar las cosas.
Luego de la sugerencia establecida y formulada por Sosigenes, Caesar
Decidió adoptar el año solar, como realizaron posteriormente los egipcios.
El otorgo al año una duración de 365 días y un cuarto de día. Este cuarto de día se encontraba retenido durante un lapso certero de 4 años y por consiguiente se era añadido como un “año bisiesto”. Para de esta manera poder honrar a Julius el senado cambio rotundamente el nombre del mes Quintilis por Julius (julio).
Julius debió también realizar correcciones a causa de errores en el viejo calendario.
Los problemas no tuvieron su final en ese momento, tras ser asesinado en el 44 a.C. los pontífices que se encontraban a cargo del calendario tomaron una decisión en la cual implementaron la inserción e incorporación del año bisiesto cada tres años en lugar de que ocurriese cada cuatro años.
Cuando Augustus Caesar entro en escena recobro el año-Bisiesto correcto en el 8 d.C.
Como habrá podido predecir el senado también rindió homenaje a este cambio renombrado como el mes sextilis por Augustus (Agosto).
A este calendario se refiere como calendario juliano, por obvias razones.
Hacia alrededor del año 321 DC el emperador Constantino impuso la semana de siete días dejando en el olvido
El antiguo sistema complicado de “calendarios” que habían desarrollado los romanos para caber referencia a los días incluidos en el mes.
En cuanto a la tecnología, esta se encontró disponible, y se encontró también la verdadera duración del año solar, esta es de 365.242199 días, o 365 digas, 5 horas, 48 minutos y 46 segundos.
Esto significa rotundamente que el calendario Juliano se encontraba retrasadísimo por aproximadamente 11 minutos.
Luego de unos pocos siglos este retraso pronto habría alcanzado numerosos días.
Nuevamente el calendario comenzó a depender de las estaciones.
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